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<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://chao.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>Chao</title><description/><link>https://chao.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>Mudar-ser</title><link>https://chao.blogia.com/2006/050902-mudar-ser.php</link><guid isPermaLink="true">https://chao.blogia.com/2006/050902-mudar-ser.php</guid><description><![CDATA[<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal">Nos quejamos de la rutina, pero qu&eacute; importante es tener la vida asentada. Hay gente que ans&iacute;a el continuo cambio. No aprecian la estabilidad de observar el mismo paisaje al levantar la persiana todos los d&iacute;as. Esa plaza con dos farolas alumbrando a cuatro bancos, a cambio de compa&ntilde;&iacute;a; o coincidir en el ascensor con el mismo vecino al mismo minuto, de lunes a viernes, y tener una id&eacute;ntica conversaci&oacute;n absurda. <span>&nbsp;</span></p>&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal">Nuestra casa y su entorno nos resultan tan familiares, que no les prestamos atenci&oacute;n. Y m&aacute;s ahora, que estamos creciditos y nos hemos despojado a la fuerza de mu&ntilde;ecas y balones para llenarnos de responsabilidades. Si antes pas&aacute;bamos en la plaza horas, sin importar con qui&eacute;n, hasta que nos llamaba nuestra madre por la ventana para cenar, ahora la recorremos a toda prisa, con la cabeza metida en el bolso buscando las llaves del coche, sin observarla ni un segundo. <span>&nbsp;</span></p>&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal">Yo tampoco apreciaba esto hasta que supe lo que era una mudanza. Perd&iacute; la estabilidad y dej&eacute; de entender a los que cambian continuamente de lugar. En esa semana que dur&oacute; la mudanza lo vi todo diferente. Miraba por mi ventana una y otra vez, intentando retener la imagen de la plaza hasta que formase parte de m&iacute;. Tanto la observ&eacute;, que hasta me pareci&oacute; que las farolas se inclinaban para hablar con los bancos. Durante esa semana hice el esfuerzo de levantarme un cuarto de hora antes para que el sue&ntilde;o no me cegase y poder, al coincidir con mi compa&ntilde;ero de ascensor, sustituir las frases convencionales por algo m&aacute;s ingenioso.</p>&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal">Desnudar mi cuarto fue, sin duda, lo m&aacute;s costoso. Al abrir los cajones, los recuerdos me asaltaban. Encontr&eacute; objetos que cre&iacute;a perdidos, re&iacute; y llor&eacute; pasando hojas de mis garabateadas agendas de instituto, me hipnotic&eacute; durante horas leyendo cartas de personas olvidadas&hellip; A un lado, la papelera para &ldquo;deshacerte de todo lo que no sea imprescindible&rdquo;, como dijo mi madre; al otro, la caja de cart&oacute;n que transportar&iacute;a las cosas hasta mi nueva casa. Despu&eacute;s de horas de debate interior, siempre ganaba la voz que me dec&iacute;a que no pod&iacute;a deshacerme de esos recuerdos y casi todos iban a parar a las cajas, que al final fueron cinco.</p>&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal">Han pasado siete meses. Al llegar a mi &ldquo;otra&rdquo; casa estaba continuamente irritada. Parec&iacute;a que las cosas se hab&iacute;an confabulado para explorar por ellas mismas la nueva habitaci&oacute;n: se cambiaban de sitio y no hab&iacute;a manera de encontrarlas. Los interruptores bailaban al son de la luz jugando al escondite. Pero, al cabo de un mes, les gan&eacute; la batalla y aprend&iacute; a controlarlo todo. Desde entonces, estoy preocupada por que me he vuelto a adaptar y he dejado de observar el paisaje, otra vez. Ya no controlo las conversaciones de los vecinos por la ventana, ni me fijo en las casas de enfrente. Vuelvo a meter la cabeza en el bolso de camino al coche, sin estar al acecho. &iquest;Ser&aacute; que me he familiarizado con el lugar? Ser&aacute; que vuelvo a ser yo.<span>&nbsp; </span></p>&nbsp;]]></description><pubDate>Tue, 09 May 2006 13:35:00 +0000</pubDate></item><item><title>Gracias a ti</title><link>https://chao.blogia.com/2006/050901-gracias-a-ti.php</link><guid isPermaLink="true">https://chao.blogia.com/2006/050901-gracias-a-ti.php</guid><description><![CDATA[<p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify" class="MsoNormal">Llamo t&iacute;midamente a la puerta porque tengo miedo de molestar. A los pocos segundos oigo pasos y alguien tapa la luz que atraviesa la mirilla. Un ojo me observa y me hace sentir violenta. En esos instantes s&eacute; que la persona oculta me juzga e intento inspirar confianza devolvi&eacute;ndole la mirada. </p>&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.4pt; text-align: justify" class="MsoNormal">Por fin se decide a abrir la puerta. Detr&aacute;s, aparece un hombre de unos cincuenta a&ntilde;os, con bigote denso, el cejo fruncido y el semblante serio. No saluda. Me mira impaciente y se me acelera el pulso. Me apresuro a explicarle, entre leves tartamudeos, que estoy haciendo unas encuestas y necesito un hombre de entre 45 y 65 a&ntilde;os. Cumple el perfil, as&iacute; que le ruego un minuto. &Eacute;l niega con la cabeza, sin cambiar la expresi&oacute;n de la cara, y<span>&nbsp; </span>me cierra la puerta en las narices.</p>&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.4pt; text-align: justify" class="MsoNormal">Abatida, doy media vuelta una vez m&aacute;s. Sigo subiendo escaleras con la esperanza de que alg&uacute;n alma caritativa quiera atenderme. Llevo horas encontr&aacute;ndome con todo tipo de personas, a las que recito la misma frase: &ldquo;Hola, estoy haciendo unas encuestas sobre medios de comunicaci&oacute;n para Cies, &iquest;tiene un minuto, por favor?&rdquo;</p>&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.4pt; text-align: justify" class="MsoNormal">Un minuto, no pido m&aacute;s. Bueno, vale, quiz&aacute; sean dos. Pero hoy en d&iacute;a esto es demasiado. Un lujo que nadie desperdiciar&iacute;a con una desconocida. De repente, todo el mundo tiene prisa, aunque les veas en pijama y con la televisi&oacute;n encendida. </p>&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.4pt; text-align: justify" class="MsoNormal">Llamo a la puerta del quinto, el &uacute;ltimo piso de este bloque sin ascensor. Con la otra mano cruzo instintivamente los dedos. Mientras aguzo el o&iacute;do, dirijo mi mirada a la alfombrilla. En ella pone algo alentador: &ldquo;Bienvenido&rdquo;. Esta vez me abre un joven bajito de tez oscura, con una nariz pronunciada y el pelo corto. Supongo que de Am&eacute;rica Latina. Al principio me mira descolocado ante mi frase m&aacute;gica, pero, tras pedirle el dichoso minuto, sus labios forman una sonrisa: &ldquo;Claro&rdquo;. </p>&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.4pt; text-align: justify" class="MsoNormal">Creo que no se ha enterado muy bien del motivo de mi interrogatorio, pero no le importa. En ning&uacute;n momento se impacienta ni desaparece esa cara amable. Al hilo de las preguntas conversamos y la encuesta se alarga un poquito. Pero tampoco le importa. Se muestra feliz por poder ayudarme. De pronto se me hace rid&iacute;culo haber pasado una hora buscando a alguien que quisiese contestarme, con lo f&aacute;cil que parece ahora. </p>&nbsp; <p style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-indent: 35.4pt; text-align: justify" class="MsoNormal">Terminamos la encuesta. Suspiro aliviada, se acab&oacute; por hoy. La atenci&oacute;n de este joven me ha salvado de seguir recibiendo portazos. Cuando iba a agradecerle su tiempo, &eacute;l se me adelanta y me dice: &ldquo;Gracias por venir&rdquo;. &iquest;Gracias? &ldquo;No -le tengo que corregir-, gracias a ti&rdquo;.</p>]]></description><pubDate>Tue, 09 May 2006 13:34:00 +0000</pubDate></item><item><title>"Googlear"</title><link>https://chao.blogia.com/2006/032904--googlear-.php</link><guid isPermaLink="true">https://chao.blogia.com/2006/032904--googlear-.php</guid><description><![CDATA[<p>Dicen que ha nacido un nuevo deporte: el &ldquo;googling&rdquo;, pero para m&iacute; no es nuevo, ni deporte. Se trata del t&iacute;pico pasatiempo de meterse en la vida de otros, s&oacute;lo que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas la curiosidad se est&aacute; extendiendo entre la raza humana al comp&aacute;s de los segundos y, despu&eacute;s de invadirnos, busca otras formas de expansi&oacute;n. En su andadura, este af&aacute;n de cotilleo se ha topado con un fiel amigo: Internet, y m&aacute;s concretamente, Google.<span>&nbsp; </span></p><p>Un elevado porcentaje de las tres millones de consultas mensuales que recibe el gran buscador en Estados Unidos responde a esta peligrosa moda, que ha adquirido un nuevo matiz: la sed de conocer vidas privadas ya no se dirige s&oacute;lo a los famosos sino a personas m&aacute;s cercanas. Los norteamericanos buscan en Google con la &uacute;nica finalidad de saber m&aacute;s acerca de sus jefes, compa&ntilde;eros de trabajo o profesores; gente corriente que ve c&oacute;mo en la gran autopista de la informaci&oacute;n no caben los secretos y se pierde el anonimato por menos que nada. Esta nueva moda es tal, que incluso algunos anuncios televisivos fomentan este &ldquo;deporte&rdquo; e instan a <em>googlear</em>. <span>&nbsp;&nbsp;</span></p><p>No la entiendo. &iquest;Es morbo? Que alguien me lo explique porque estoy perdida. Ser&aacute; que no he evolucionado con los nuevos medios ni s&eacute; aprovecharlos. F&iacute;jate que sigo estancada en el concepto de que el di&aacute;logo y la amistad son las &uacute;nicas v&iacute;as para conocer a alguien. &iquest;O acaso rastrear en Google la experiencia profesional de tu jefe te muestra c&oacute;mo es? Yo no me fiar&iacute;a de una herramienta que no entiende de sentimientos.</p><p>Quiz&aacute; por tener como amigos a ordenadores en vez de a personas, nos estamos volviendo un poco fr&iacute;os. &ldquo;&iquest;Sab&iacute;as que Fulanito tal y Menganito cu&aacute;l?&rdquo;. &Eacute;sas suelen ser nuestras preocupaciones, pero, t&uacute;, &iquest;qu&eacute; sabes de ti? &Aacute;nimo a los que apagan la televisi&oacute;n cuando aparecen programas como &ldquo;Aqu&iacute; hay tomate&rdquo;, o a los que usan Google para encontrar la informaci&oacute;n que necesitan en sus quehaceres cotidianos. <span>&nbsp;</span>Si nos dejamos arrastrar por la vida de los dem&aacute;s y nos olvidamos de la nuestra podemos descuidar lo m&aacute;s querido. </p><p></p>]]></description><pubDate>Wed, 29 Mar 2006 11:06:00 +0000</pubDate></item><item><title>Lo que cuesta morir</title><link>https://chao.blogia.com/2006/032902-lo-que-cuesta-morir.php</link><guid isPermaLink="true">https://chao.blogia.com/2006/032902-lo-que-cuesta-morir.php</guid><description><![CDATA[<p>Anunciar tu cumplea&ntilde;os en un peri&oacute;dico puede ser gratis y poner una oferta o demanda no suele pasar de los diez euros. Ya desde tiempos de Nipho, all&aacute; por 1760, el primer peri&oacute;dico de Espa&ntilde;a fomentaba este servicio de manera gratuita para impulsar la econom&iacute;a. El susto viene cuando hablamos de las esquelas. Notificar la muerte de un ser querido en un diario nos puede costar hasta el sueldo del mes. Aunque depende del tama&ntilde;o, entre otras cosas. Las m&aacute;s asequibles est&aacute;n entre los 300 y los 500 euros. El problema es que los gastos no acaban ah&iacute;.<span>&nbsp;&nbsp;</span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span><span>&nbsp;&nbsp;</span><span>&nbsp;&nbsp;</span></p><span>Antes la costumbre era tener a los fallecidos en casa de cuerpo presente, pero en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas se ha extendido el servicio del tanatorio, y el presupuesto necesario va aumentando. Si a esto le sumamos el ata&uacute;d, las flores y las misas, casi tenemos que pedir un pr&eacute;stamo para poder pagar nuestra muerte o abrir una cuenta corriente y empezar a ahorrar desde ahora. <span>&nbsp;</span></span><span> <p>As&iacute; se hace c&eacute;lebre la t&iacute;pica frase de &ldquo;esto es un negocio bien montado&rdquo;. S&oacute;lo hay que fijarse: al lado de un tanatorio siempre vas a encontrar una tienda de flores. Es la econom&iacute;a de mercado, la sociedad funciona as&iacute;, pero que esto tambi&eacute;n se aplique a esos momentos de dolor por los que pasamos todos&hellip;</p><p>Y no saben cu&aacute;nto nos puede llegar a influir el citado negocio, sobre todo a las personas mayores. De hecho, es curioso observar lo primero que hacen la mayor&iacute;a al coger un peri&oacute;dico: lo abren por la p&aacute;gina de las esquelas y las leen una a una, prestando especial atenci&oacute;n a los apellidos porque muchas veces la &uacute;nica manera de saber de un funeral es &eacute;sta. Los peri&oacute;dicos y las funerarias saben el valor de esta difusi&oacute;n y, en lugar de hacerla accesible para todos, se aprovechan para sacar partido. </p><p>No se puede tolerar que los ancianos se est&eacute;n preocupando por asegurar su &uacute;ltimo adi&oacute;s ni que los familiares piensen en cuentas. Un poco menos de negocio y un poquito m&aacute;s de calidad humana porque todo el mundo tiene derecho a una despedida digna de sus seres queridos. <span>&nbsp;</span></p></span>]]></description><pubDate>Wed, 29 Mar 2006 11:03:00 +0000</pubDate></item><item><title>Iguales</title><link>https://chao.blogia.com/2006/032901-iguales.php</link><guid isPermaLink="true">https://chao.blogia.com/2006/032901-iguales.php</guid><description><![CDATA[<p align="left">En las carreras human&iacute;sticas se suele repetir un principio que se te queda grabado y te acompa&ntilde;a toda la vida: el hombre es un ser social por naturaleza y, como tal, se relaciona con los otros. La cuesti&oacute;n radica en si los j&oacute;venes se dejan acompa&ntilde;ar.</p><p align="left">Un punto de encuentro para dar rienda suelta a este car&aacute;cter social es el autob&uacute;s. Los viajes suponen un tiempo muerto entre la ciudad que dejas y tu destino, que las personas mayores aprovechan para dialogar. El problema viene cuando se cruzan con el otro gran usuario de este servicio: los j&oacute;venes. Muchos de ellos suben al autob&uacute;s y no piensen que saludan a su compa&ntilde;ero de viaje, que no lo hacen, es que ni siquiera miran a la cara a la persona que est&aacute; a su lado. Y si la miran es para exigir sus derechos, es decir, que dejen su plaza libre o que no vayan de listos y se quiten de &ldquo;su&rdquo; asiento de ventanilla.</p><p>Recuerdo uno de mis &uacute;ltimos viajes largos. Sub&iacute; al autob&uacute;s acongojada por la reciente despedida y con el billete en la mano buscando mi asiento. Cuando me acomod&eacute;, la anciana sentada a mi lado me sobresalt&oacute; con un mon&oacute;logo que recit&oacute; de carrerilla hasta quedarse sin respiraci&oacute;n: &ldquo;Hola guapa, &iquest;vas a Galicia? Yo voy a Piedrafita. Dios m&iacute;o, a ver si tenemos buen viaje, hija, que con lo lejos que est&aacute; y lo que se ve hoy en las noticias como para no rezar el rosario antes de salir. Porque, claro, todo el mundo piensa que no le va a pasar a &eacute;l, pero&hellip;&rdquo;.</p><p><span>&nbsp;</span>Yo me debat&iacute;a entre escuchar a la se&ntilde;ora y mandar besos a mis padres a trav&eacute;s del cristal. Me hizo gracia aquella mujer. Partimos y me alegr&eacute; de estar a su lado porque ya empezaba a sentir nostalgia de lo que dejaba atr&aacute;s y necesitaba distraerme. Charlamos durante un largo rato, en el que sobre todo habl&oacute; ella. Incluso llegu&eacute; a conocerla mejor que a esos familiares a los que s&oacute;lo llamas en ocasiones especiales. Pero pronto empec&eacute; a notar el cansancio y quise poner fin a la conversaci&oacute;n intentando dormir un rato. No hab&iacute;a manera: ella segu&iacute;a habl&aacute;ndome. Cuando mi paciencia estaba rozando el l&iacute;mite, le dije educadamente que quer&iacute;a dormir y me puse m&uacute;sica. La mujer puso cara de abatimiento y murmur&oacute;: &ldquo;Si es que al final todos sois iguales&rdquo;. </p><p>Estas palabras se me clavaron y me hicieron sentir culpable. No pude dormir. De repente me acord&eacute; de aquella teor&iacute;a de la universidad de que el hombre es un ser social. Desde entonces la he puesto en entredicho porque al final cada uno, sobre todo los j&oacute;venes, va a lo suyo. Aunque despu&eacute;s de esta experiencia procuro saludar siempre a mi compa&ntilde;ero de viaje.</p>]]></description><pubDate>Wed, 29 Mar 2006 10:59:00 +0000</pubDate></item><item><title/><link>https://chao.blogia.com/2006/032801.php</link><guid isPermaLink="true">https://chao.blogia.com/2006/032801.php</guid><description><![CDATA[]]></description><pubDate>Tue, 28 Mar 2006 10:27:00 +0000</pubDate></item><item><title>Bienvenido</title><link>https://chao.blogia.com/2006/030901-bienvenido.php</link><guid isPermaLink="true">https://chao.blogia.com/2006/030901-bienvenido.php</guid><description><![CDATA[Ya tienes weblog.<br /><br />Para empezar a publicar artículos y administrar tu nueva bitácora:</p> <ol>   <li> busca el enlace <strong>Administrar</strong> en esta misma página. <br>   </li>   <li>Deberás introducir tu clave para poder acceder.</li> </ol> <p><br> Una vez dentro podrás: </p> <ul>   <li>editar los artículos y comentarios (menú <strong>Artículos</strong>); <br>   </li>   <li>publicar un nuevo texto (<strong>Escribir nuevo</strong>); <br>   </li>   <li>modificar la apariencia y configurar tu bitácora (<strong>Opciones</strong>); <br>   </li>   <li>volver a esta página y ver el blog tal y como lo verían tus visitantes (<strong>Salir al blog</strong>). </li> </ul> <p><br> Puedes eliminar este artículo (en Artículos &gt; eliminar). ¡Que lo disfrutes!]]></description><pubDate>Thu, 09 Mar 2006 11:40:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
