"Googlear"
Dicen que ha nacido un nuevo deporte: el “googling”, pero para mí no es nuevo, ni deporte. Se trata del típico pasatiempo de meterse en la vida de otros, sólo que en las últimas décadas la curiosidad se está extendiendo entre la raza humana al compás de los segundos y, después de invadirnos, busca otras formas de expansión. En su andadura, este afán de cotilleo se ha topado con un fiel amigo: Internet, y más concretamente, Google.
Un elevado porcentaje de las tres millones de consultas mensuales que recibe el gran buscador en Estados Unidos responde a esta peligrosa moda, que ha adquirido un nuevo matiz: la sed de conocer vidas privadas ya no se dirige sólo a los famosos sino a personas más cercanas. Los norteamericanos buscan en Google con la única finalidad de saber más acerca de sus jefes, compañeros de trabajo o profesores; gente corriente que ve cómo en la gran autopista de la información no caben los secretos y se pierde el anonimato por menos que nada. Esta nueva moda es tal, que incluso algunos anuncios televisivos fomentan este “deporte” e instan a googlear.
No la entiendo. ¿Es morbo? Que alguien me lo explique porque estoy perdida. Será que no he evolucionado con los nuevos medios ni sé aprovecharlos. Fíjate que sigo estancada en el concepto de que el diálogo y la amistad son las únicas vías para conocer a alguien. ¿O acaso rastrear en Google la experiencia profesional de tu jefe te muestra cómo es? Yo no me fiaría de una herramienta que no entiende de sentimientos.
Quizá por tener como amigos a ordenadores en vez de a personas, nos estamos volviendo un poco fríos. “¿Sabías que Fulanito tal y Menganito cuál?”. Ésas suelen ser nuestras preocupaciones, pero, tú, ¿qué sabes de ti? Ánimo a los que apagan la televisión cuando aparecen programas como “Aquí hay tomate”, o a los que usan Google para encontrar la información que necesitan en sus quehaceres cotidianos. Si nos dejamos arrastrar por la vida de los demás y nos olvidamos de la nuestra podemos descuidar lo más querido.
3 comentarios
aneya -
Majaaa majaaaa.
¿A tí no te gustaba cotillear? ¡Qué fuerte! ¡Qué fuerte!
realidades -
pepi -